lunes, 12 de diciembre de 2011

La necesidad de conocer y la educación

Es una idea, es una convicción, o creencia, sea lo que sea,  es  un pensamiento que forma parte de  la estructura mental de todos,  y de hecho es una acometida permanente que nos hace nuestro propio entorno.  La importancia de conocer la verdad, la importancia de conocer nuestras raíces, la de conocer un segundo idioma, conocer el producto que se va vender o comprar, conocer a Jesús,  conocer las incidencias de la contaminación, conocer la Constitución, conocer el interés del potencial cliente, o el grado de fragmentación del ADN, el índice glucémico de los alimentos, o  la causa y efecto de algo, y unas infinitas necesidades de conocer que tiene el ser humano. En este mismo sentido, pero desde el otro polo, se  podría ver también que dificultades se puede  enfrentar,  o que daño puede causar,  cuando debiendo conocer, no se conoce.  Bien, la necesidad de conocer es innata en el ser humano, mujer o varón. Pero por otro lado es fundamental la idea,  que pareciera ser una premisa para educación,    la necesidad de conocer el conocer, ¿qué conocimiento dar a conocer”,  ¿qué conocimiento conocer?  El  ir despejando las interrogantes de las diversas formas de acceder al conocimiento, el producir y circular  información y conocimientos, sin dejar de considerar las imperfecciones humanas, pero reconociendo  las grandes potencialidades del hombre para conocer,  son en realidad el avituallamiento necesario  para avanzar en la tarea educadora y de investigación. Dejar de considerar que todo es tan simple, sabiendo que en realidad es muy complejo, apoyándonos en el paradigma de la complejidad, pareciera ser un paso importante.  No sería acaso, éste  el verdadero sentido que tiene una acción educativa?
Al respecto,  Edgar Morín[1], alude a la gran problemática              que implica este tema,  en el ámbito de la educación, que increíblemente ha estado  “comunicando siempre los conocimientos, pero permaneciendo ciega ante lo que es el conocimiento humano, sus disposiciones, sus imperfecciones, sus dificultades, sus tendencias tanto al error como a la ilusión y no se preocupe en absoluto por hacer conocer lo que es conocer”. El mismo autor, señala que “la necesidad  para cualquier educación de despejar los grandes interrogantes sobre nuestra posibilidad de conocer y practicar estas interrogaciones se constituye en oxígeno para cualquier empresa de conocimiento. Así como el oxígeno destruía los seres vivos primitivos hasta que la vida utilizó este corruptor como desintoxicante, igual la incertidumbre que destruye el conocimiento simplista, es el desintoxicante del conocimiento complejo”. De todas formas, el conocimiento queda como una aventura para la cual la educación debe proveer los viáticos indispensables. Me sumo a la idea de que “no existe lo simple, sólo lo simplificado”
Y  a propósito de estas reflexiones, surgidas desde las ideas  de un gran pensador de la educación actual, es que se reconoce que  un impulso notable para avanzar en este contexto, es el asumir, que existen riesgos, errores, incertidumbres, pensamientos simples, pensamientos complejos, que apuntan la necesidad de conquistar los procesos de el conocimiento del conocimiento,  que conlleva  indefectiblemente a la integración de “una necesidad permanente” al conocimiento del estudiante. Esta sensación es inherente a la persona humana, pero es bueno reconocer, que es el condimento clave para los procesos científicos con los estudiantes.
La educación, por lo tanto debe favorecer la aptitud natural de la mente para hacer y resolver preguntas esenciales y correlativamente estimular el empleo total de la inteligencia para conocer, lo que sea necesario conocer.
Desde luego, que el conocimiento es una contingencia que conlleva en sí misma y permanentemente un sabor incierto, de que sí es,  así es, o no,  es decir es  cierto, y  de que tiene por lo mismo: riesgos de error y también genera ilusión y expectativas a veces sobredimensionadas. No existen certezas, ni verdades absolutas e  incertidumbre por doquier.  Esta es una idea poco discutible y que se ha venido analizando en los últimos tiempos. Basta ver los grandes retos de la historia de la humanidad y lo que va sucediendo hoy día, con los hombres y con el planeta Tierra.
En este contexto, el gran reto de la educación, entre otros, es la creación de situaciones de aprendizajes en torno  a la gestión del conocimiento,  sobre todo como buscar y acceder al conocimiento, el cómo hacer que los demás accedan, en el marco de los procesos científicos educativos  inherentes a las funciones de la secundaria y  a las metas de las carreras que se imparten en las universidades.
El conocer, la misma idea de conocimiento, son retos propios de la Filosofía, terreno en el que no voy a profundizar, por problemas de competencia. No obstante, no se puede desestimar los grandes problemas que la acción educativa ha tenido que sortear dando lugar a diversas posturas, a lo largo de los años. En este sentido cabe recordar, por  ejemplo: el análisis acerca del  sujeto que conoce, el objeto por conocer o conocido, el proceso para  conocer, y el resultado que produce este proceso. Problemas que son inherentes por ello, al  curriculum, a  la pedagogía o a la Didáctica, pero debería por sobre todo ser propio de la epistemología del Conocimiento.
Ahora bien, en este sentido quizá, es tan importante una mirada hacia la acción educativa  en particular de un profesor. Estamos enseñando por imperio de la obligación institucional o lo hacemos a conciencia sobre las grandes necesidades del alumno y la alumna en relación al mundo que les toca vivir. Cuán posible es la intervención del sujeto alumno en cuanto a sus necesidades educativas? No estamos tomando el trabajo como un proceso muy simple desestimando   la gran complejidad de vivir y convivir en y con la sociedad de hoy?. Sabe el alumno promedio de la secundaria para que le sirve saber el rebatimiento de punto, recta y las figuras planas?. ¿Le hemos convencido al alumno que él necesita conocer eso del rebatimiento?  A lo mejor, ni nosotros lo sabemos. Buen punto para una mirada para adentro en el quehacer educativo de una institución.


[1] El profesor Edgar Morín, ha escrito más de 40 ensayos de distintas disciplinas, es investigador, sociólogo, filósofo, psicólogo, antropólogo, economista. Entre otros, ha sido director emérito del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) de París. Ha sido clave para el debate en educación el Artículo sobre los saberes del Futuro, en el marco de sus actividades en la UNESCO

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